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Mercedes Ballesteros, responsable de la División de Energías Renovables del CIEMAT, participa en ChemPlast 2018

 

04/12/2018

Energías renovables y ahorro energético

A primeros de noviembre tuvo lugar en Madrid la ChemPlastExpo 2018, la feria industrial sobre materiales, tecnologías, procesos y maquinarias para la industria química y del plástico. En una de sus sesiones, la dedicada a la “Biorrefinería y Energías Renovables”, participó la Dra. Mercedes Ballesteros, responsable de la División de Energías Renovables del Departamento de Energía del CIEMAT.

 
 

Moderada por Andrés Pascual, jefe del Departamento de Medioambiente, Bioenergía e Higiene Industrial de AINIA (Instituto Tecnológico de la Industria Agroalimentaria), los ponentes que acompañaron a la Dra. Ballesteros fueron Marcelo Domine, científico titular del CSIC- ITQ –UPV (Centro Superior de Investigaciones Científicas-Instituto de Tecnología Química-Universidad Politécnica de Valencia)y M.ª José Cocero, catedrática de la Universidad de Valladolid.

  

La ponencia de Mercedes Ballesteros se titulaba “Biorrefinerías: Hacia una aplicación de la biomasa económica y sostenible”. En primer lugar abordó la situación actual, momento en el que está terminando la era del petróleo y se hace imprescindible encontrar alternativas que contribuyan a un desarrollo sostenible pero no incidan negativamente en el planeta incrementando el calentamiento global.  Obviamente, el incremento de la población supone una enorme demanda de alimentos, pero también de energía y productos de consumo; de hecho, se calcula que en 2030 se precisará un 50 % más de alimentos, un 45 % más de energía y un 30 % más de agua.  La biotecnología puede ser una buena base para la sociedad de este futuro cercano.

  

Ante este panorama es obvio decir que hay que producir más, pero con menor impacto ambiental; y eso solo es posible realizando una transición hacia un nuevo modelo económico no dependiente del petróleo y con patrones productivos más sostenibles económica, social y ambientalmente. Es pues imprescindible que la nueva economía, con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, utilice los recursos orgánicos (tierra, mar, … pero también los residuos) como insumos para la producción de alimentos para personas y animales, para la producción industrial y energética, garantizando el suministro, la biodiversidad y la protección del medioambiente. En esta línea, en 2013 se constituyó el Observatorio de la Bioeconomía Europea con el objetivo de evaluar los avances y proporcionar datos sobre la materia para asesorar a los responsables políticos.  En el momento presente, más de cuarenta países ya están diseñando y poniendo en práctica estrategias formales en relación con el concepto de bioeconomía, sin embargo, sectores como la bioenergía, los biomateriales, los bioproductos todavía no tienen un papel significativo en el comercio mundial; no obstante lo cual, existen grandes oportunidades para estos sectores en los mercados emergentes no totalmente consolidados.

  

La Bioeconomía es una de las prioridades de Horizonte 2020 de la Unión Europea. Así, es necesario volver a examinar la economía “petroquímica” con un nuevo enfoque, o sea, es preciso evolucionar hacia el concepto de biorrefinería. En este nuevo modelo de producción y consumo, es necesario redefinir los centros de producción (zonas rurales y países dotados en recursos naturales), los modelos de consumo (con aparición de nuevos productos y una consideración diferente de los residuos), y los impactos de la actividad humana que implican.

  

Desde el punto de vista de los recursos, las biorrefinerías pueden aprovechar todo tipo de biomasas: forestal, agrícola, acuática, residuos de industriales y domésticos; desde el de las tecnologías, los procesos de conversión empleados son muy diversos, tales como el pretratamiento mecánico (extracción, fraccionamiento, separación), conversiones termoquímicas, químicas y biológicas (enzimáticas y microbianas). Aunque la transformación y uso de la biomasa no es algo nuevo, sí lo son las nuevas consideraciones medioambientales y económicas que provocan la introducción de mejoras en procesos y tecnologías.

  

Entre los retos de las biorrefinerías, además del que implica el escalado e integración de las nuevas tecnologías en los esquemas de desarrollo existentes, está el de generar confianza en los usuarios finales de bioproductos y biomateriales que resulten de las biorrefinerías. Esto precisa, entre otras acciones, una adecuación legislativa importante y que encaje con el esquema actual.